SDDR: la falsa ‘devolución de casco’ que encarece tu cesta de la compra

SDDR: la falsa ‘devolución de casco’ que encarece tu cesta de la compra

 

Marcos Merino | 17 oct 2017

Mi madre me explicó una vez qué era “devolver el casco“. Me contó cómo, cuando era niña, lavaba las botellas de leche con arena (“Ya ves tú qué tontería, cuando después la iban a volver a lavar, pero en el pueblo todo el mundo lo hacía“) antes de ir a la tienda para devolverlas y comprar otras nuevas: si comprabas las nuevas sin ‘devolver el casco’, te cobraban una pequeña cantidad extra. Se trataba, en definitiva, más de un método de ahorro que de un ejercicio de conciencia medioambiental, pero al fin y al cabo incentivaba la reutilización de los envases. “No lo veíamos como un sistema engorroso, sino como algo natural”.

Por eso, presentar un nuevo sistema de devolución de envases a la tienda como una “devolución de casco 2.0” es un método ingenioso para convencer a aquel sector de los consumidores menos proclives a dejarse seducir por la retórica ‘verde’, pero sí dispuestos a retomar hábitos de compra “de siempre” que, además, vinculan subconscientemente con la idea de ahorro. Un método ingenioso, como decía… pero que también puede resultar tramposo; y ése es por el que parece haber apostado mucho defensor del SDDR.

Empecemos descartando la vertiente de la sostenibilidad: al contrario que la devolución de casco, el SDDR no reutiliza los envases que recoge, sino que los recicla, y no aporta ninguna novedad con respecto al actual uso de los contenedores verdes y amarillos (salvo el hecho de excluir la mayor parte de envases que SÍ pueden echarse a dichos contenedores).

Pero la gran trampa para el consumidor cae del lado del ahorro (o más bien, de la falta del mismo), pues conlleva toda una serie de gastos y molestias para él y su familia que no existían con la devolución de casco, ni tampoco con el sistema de reciclaje hoy en vigor. Repasemos:

 

Roba (inútilmente) espacio

Obliga al consumidor a instalar en su casa en nuevo cubo (o bolsa) que se añade a los que ya tenemos para separar envases, papel, vidrio y basura orgánica. Un cubo que deberá ser mayor que los demás porque, aunque los envases que contendría están destinados a ser comprimidos por una máquina, sólo podrá recuperar su dinero si los devuelve intactos a la tienda.

 

Roba (inútilmente) tiempo

Vale, reconozco que no puede decirse que a los paisanos de mi madre (que, recordemos, retornaban el casco seco y brillante al ultramarinos) aquel sistema les ahorrase tiempo. Pero no era la costumbre general y, desde luego, tampoco parece que el nuevo sistema SDDR vaya a ahorrar tiempo a los consumidores, habida cuenta de que obliga a aprender unos nuevos criterios de separación de residuos más complejos que los actuales, en los que intervienen tanto el tamaño del envase (si es de 3 o más litros, al cubo amarillo, si no, al SDDR) como los materiales (las latas de cerveza o de refrescos, por ejemplo, irían al cubo SDDR, mientras que las de conserva deberán ir al amarillo).

Por último, el SDDR les obligará a volver a las tiendas donde compraron los envases para devolverlos (en horario comercial, por supuesto, con lo que eso supone para muchas familias) y recuperar una pequeña parte de su dinero… sin que por ello les ahorre el paseo hasta los contenedores verde y amarillo más cercanos.

 

Encarece nuestra cesta de la compra

Una publicación de la Unión de Consumidores de la Comunidad Valenciana, precisamente una de las CCAA en las que se está tratando de implementar el sistema SDDR, explicaba lo siguiente que “además de los 10 céntimos por envase que se cobrará en concepto de depósito, el precio de los productos sometidos al SDDR aumentará debido a los mayores costes operativos del nuevo sistema”.

Sin ir más lejos, la Asociación de Latas de Bebida hablaba hace unos meses de sobreprecios de entre el 8% y el 35% en los productos fabricados por ellos, como consecuencia de los mayores costes de reciclado vinculados al nuevo modelo de recogida. Teniendo en cuenta que, en 2012, cada español consumió de media 126 litros de bebidas envasadas, podemos hacernos una idea del impacto que eso puede tener a final de mes.

Otra de las comunidades en una situación similar con respecto al SDDR es Cataluña. Y allí se ha planteado otro problema más, otra fuente de potencial encarecimiento de nuestras compras: allí, los representantes del pequeño comercio ya han denunciado que el plan de obligar a los negocios individuales a costear la instalación de maquinaria para la recogida puede terminar obligando a repercutir dicho coste en los precios de los productos. Y hablamos de desembolsos de hasta 20.000 euros por máquina.