SDDR o cómo reciclar empeorando el sistema

SDDR o cómo reciclar empeorando el sistema

 

Álvaro Cotobal | 15 nov 2017

Desde hace un tiempo hay un debate abierto sobre la eficacia del sistema de reciclaje actual (el popular de los tres contenedores de colores, que ahora examinaremos) y la necesidad de mejorarlo. De las posibles propuestas, hay una que ha cobrado relevancia mediática y que parece haber tomado la delantera: el SDDR o Sistema de Depósito, Devolución y Retorno. La idea consiste en depositar una cantidad de dinero cada vez que se compra un envase de bebida (por ejemplo, un refresco) y en recuperar el depósito cuando se lleva a reciclar dicho envase. El sistema es algo más complejo, pero para entenderlo primero veremos cómo funciona el sistema actual.

 

ASI FUNCIONA EL SISTEMA ACTUAL

El actual sistema se denomina Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor, o SCRAP. La idea del sistema es que “quien contamina paga”. De esta forma se traslada a los productores la responsabilidad de los productos (física y económicamente), no solo hasta su venta sino hasta el fin de su vida útil. Nosotros nos involucramos en el proceso entregando los productos a reciclar y los productores se encargan de llevarlo a cabo. Hay un sistema por cada tipo de producto. Para los plásticos es Ecoembes y, para los vidrios, Ecovidrio.

Dicho esto, el sistema de reciclaje actual funciona de la siguiente forma: cada uno en su casa divide sus desechos en cuatro tipos: Vidrio, Papel, Envases y Orgánico. Los tres primeros se introducen en los contenedores siguiendo el color de los mismos y aquí termina el papel del consumidor en esta historia. En algún momento del día que se calcula en una vez cada 24 horas, los envases y el vidrio, que es lo que nos interesa, serán recogidos por dos camiones que vaciarán el contenido de los dos contenedores respectivos y continuará el proceso de reciclaje. En el caso del vidrio, irá directamente a la planta de reciclaje, que incluirá un proceso previo de tratamiento. En el caso de los envases, irán a una planta de selección, donde los dividirán en tipos (envases de plástico a un lado, tetrabricks a otro, latas de aluminio a otro etc.) y de ahí a la planta de reciclaje. Reciclar consiste en someter materiales usados a un proceso de transformación que permita ser nuevamente utilizados. Es decir, se deconstruyen y se vuelven a producir de nuevo, con materiales ya usados. El reciclaje es, por tanto, un proceso contaminante, desde la recogida de residuos hasta la propia transformación en plantas de reciclado que no dejan de ser plantas industriales. Por eso se proponen alternativas y mejorar el sistema, porque el actual contribuye a reducir la contaminación, pero no la elimina. Y de ahí surge el SDDR.

 

ASI FUNCIONARÍA EL SDDR

Empecemos diciendo que el SDDR no sustituye al SCRAP sino que lo complementa. El SDDR solo se aplicaría a envases de bebidas de un solo uso: latas de refrescos, latas de cerveza, zumos, vino, cava y botellas de bebidas de hasta 3 litros de capacidad. El resto de envases seguirían funcionando por los contenedores amarillo y verde y seguirían el mismo proceso que ya hemos visto.

Para los envases sujetos a SDDR, el proceso sería el siguiente: cada uno en su casa dividirá los desechos en cinco tipos: los anteriores más los envases SDDR. Estos envases deberán ser llevados a un establecimiento comercial, donde pueden ocurrir dos cosas:

  • Que tengan instalada una máquina en la que se deberá depositar los envases en perfecto estado (sin aplastar, sin abolladuras…) y que automáticamente devolverá el depósito mientras divide, prensa y almacena en bolsas los envases en su interior. Debido a su elevado coste (más de 20.000€), se calcula que solo podrían acceder a ellas hipermercados y grandes supermercados, calculados por la FEMP en 7.148 establecimientos de este tipo en España.
  • Que no tengan máquina, y en cuyo caso se tendrán que entregar los envases, también en perfecto estado, al encargado del establecimiento. Serían pequeñas tiendas, restaurantes, bares, comedores colectivos y otros establecimientos cuya cantidad está cifrada en 311.488 establecimientos, según la FEMP. Los encargados deberán acondicionar espacios en sus locales para reunir todos los envases.

Posteriormente, en algún momento del día, calculado en una vez cada 12 horas, pasarán dos camiones por el establecimiento: uno recogerá los residuos depositados en la máquina y los llevará directamente a la planta de reciclaje. El segundo recogerá los envases SDDR entregados manualmente y los trasladará, en perfecto estado, a las llamadas plantas de conteo, que son instalaciones donde se hará la función que las máquinas hacen en grandes establecimientos: validar que el envase entra dentro del nuevo sistema de reciclaje y prensarlo. Posteriormente otro camión llevará los envases prensados a las plantas de reciclaje donde se juntarán con los demás. Una vez allí, el reciclaje es el mismo que el SCRAP.

 

¿Y EL MEDIOAMBIENTE?

Según un estudio de la Cátedra Unesco de Ciclo de Vida y Cambio Climático de la ESCI – UPF, la implantación del SDDR no implica una mejora medioambiental respecto al actual sistema. El estudio, realizado en Cataluña en abril de este mismo año, analiza seis categorías de impacto medioambiental comparando el actual sistema con un hipotético SDDR obligatorio de determinados residuos de envases de bebidas de un solo uso y que tendría por finalidad el reciclado material y no su reutilización. De las seis categorías, en cinco se obtendrían peores resultados si se aplicara el SDDR.

En concreto, el SDDR en Cataluña supondría un aumento del 30,5% en acidificación (esto es, lluvia ácida) y un 25% más de impacto en calentamiento global. En cuanto a la acumulación de residuos en el litoral marino (o eutrofización), el estudio concluye que aumentaría en un 55,5%. Por otro lado, el impacto en la capa de ozono se situaría en un 15,2% más y la contaminación del aire en zonas urbanas en un 8,9% más. El estudio atribuye estos aumentos en los impactos fundamentalmente al nuevo sistema de transporte que habría que implantar y a los equipamientos necesarios para llevar a cabo el proceso de reciclaje.

No es difícil averiguar la razón de estas conclusiones tras ver cómo funciona cada sistema: si en el sistema actual dos camiones recogen los contenedores amarillo y verde de una zona, con el SDDR habrá al menos cuatro camiones en circulación: los dos que continuarían en el SCRAP y otros dos que tendrían que recoger los envases de las máquinas y de la recogida manual, aumentando en 15.000.000 de desplazamientos los necesarios para llevar a cabo el sistema en España. El transporte encargado de la recogida manual, además, presenta un problema añadido: debe transportar los residuos sin comprimir hasta las plantas de conteo. Esto implica transportar esencialmente aire reduciendo la eficacia y la capacidad del transporte. Según el estudio referido anteriormente, el 54% de los envases serían devueltos manualmente de acuerdo a la estructura empresarial de Cataluña (recordemos que no todos los establecimientos pueden permitirse tener una máquina). Según un estudio de la FEMP que mide el impacto en la gestión municipal del SDDR, ese porcentaje se dispara al 65% para toda España. Y aún hay más: las plantas de conteo no existen actualmente; hay que construirlas. La FEMP calcula que serían necesarias 56 plantas de conteo distribuidas por la geografía española. Lo hemos dicho antes: el reciclaje es un proceso contaminante. Sucede que los beneficios que produce en el medioambiente son superiores a la contaminación del proceso, pero tampoco hay que dejar de tener en cuenta que la instalación de 56 nuevas plantas supone un aumento en el impacto medioambiental. Por último, el SDDR requiere bolsas y cajas para almacenar en los establecimientos y posteriormente transportar los residuos, bolsas y cajas que hay que fabricar periódicamente en procesos también contaminantes. Por otro lado, se ha observado que el otorgar incentivos económicos al reciclaje puede trasladar la falsa idea al consumidor de que solo compensa reciclar cuando se obtiene dinero a cambio desincentivando así el reciclaje de los residuos no sujetos a SDDR.

Pero, ¿tiene algo bueno el SDDR? Pues sí, lo tiene. Según el estudio de la ESCI-UPF, el SDDR mejora el impacto medioambiental de las plantas de reciclaje. También mejora en un 6% la tasa de reciclaje de envases y disminuye tanto los residuos vertidos como los incinerados así como reduce en un 24% la cantidad de envases que acaban fuera del sistema de reciclaje (littering). También contribuye positivamente en ralentizar en un 5,8% el agotamiento de los recursos. El problema, concluye el estudio, es que estos beneficios se consiguen a través de procesos más contaminantes que los actuales que hacen que globalmente no sea mejor sistema que el actual.

¿Hay que mejorar el sistema reciclaje? Por supuesto, todo sistema que no elimine la contaminación es susceptible de ser mejorado, pero hay que procurar que ese intento de mejora no dé como resultado un paso atrás.